Siempre que veo cómo Mefisto extiende sus alas sobre la ciudad, esparciendo la plaga con una extrañisima torpeza que se entremezcla con algo similar a elegancia, me viene un terror inmediato, inmediable, primigenio. Creo que es un miedo que se asienta en la aparente quietud de sus alas, similar al extraño y vago terror que me generan los pavorreales cuando enfrentan a uno con su plumaje. Una vez más, la belleza y lo ominoso son dos alas que se rozan al vuelo.
Faust, F.W. Murnau (1926)






